Materiales pedagógicos: 3º Domingo de Cuaresma

Semana  3.  “Reconcilia  Incondicionalmente” Lc 13, 19

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilatos con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

 Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas». »

Palabra del Señor

 Introducción

¿Cuántas veces nos hemos desesperado cuando algo no funciona? ¿o alguien no nos hace caso? ¿o tenemos que tratar con alguna persona muy pesada?. ¿Cómo nos sentimos cuando vemos nuestra propia limitación, cuando nos consideramos inútiles o incapaces para determinadas tareas?. Esto nos causa frustración, desengaño, malestar, depresión, o alguna reacción adversa en nuestro corazón. En otras palabras, nos sentimos mal.

Nuestro límite de paciencia, con los demás y con nosotros mismos, alcanza un determinado umbral. Un punto de “no retorno”.

Muchas veces tenemos que experimentar estas situaciones para comprender la esencia del misterio de la misericordia de Dios. Donde se pierde la esperanza, donde parece que no podemos sacar nada bueno, donde se ahogan nuestras aspiraciones, donde se acaban nuestros planes, donde se rinde nuestra constancia, donde se agota nuestra paciencia … justo ahí, es donde Dios nos tiende su mano de padre y nos dice: “todo saldrá bien porque yo estoy contigo”, porque Él nos Repara Incansablemente, nos Redime Inmerecidamente y nos Reconcilia Incondicionalmente. Nos mira con amor infinito, que supera todo nuestro ser y nuestra limitación. Aquí es donde nos tenemos que volver a sus brazos y dejarnos abrazar por Él.

A Dios no le gusta la injusticia, ni la opresión, por eso llama a Moisés a liberar al pueblo de Israel. Ahora nos llama a nosotros para que nos deshagamos de lo que nos oprime el corazón, de lo que nos impide acercarnos para amar, y por medio de su hijo Jesucristo, nos libera del pecado y junto con él y la acción del Espíritu Santo podamos decir ABBA, “papaíto”.

Is 42, 1-­‐3

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace.  He puesto mi Espíritu sobre El; El traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino; con fidelidad traerá justicia.

Jesús nos dice reiteradamente en el evangelio: “Convertíos”. La conversión es una acción que requiere de una apuesta decidida, y es un proceso continuo y permanente. Implica nuestra voluntad y nuestra entrega incondicional. Pero también supone quitar de nuestra vida aquello que no nos deja crecer, igual que la viña que no da fruto.

Nuestra conversión está encaminada a una poda de lo malo de nuestras vidas, de los lastres. Esto requiere arrepentimiento y reconciliación. Por otra parte, necesitamos de tierra buena para crecer con fuerza, necesitamos arraigarnos fuertes en Jesús, escuchando su Palabra. Es una semana propicia para poner en práctica el Sacramento de la Reconciliación.

Las obras de misericordia nos ayudan a cambiar nuestra tierra mala por abono, tierra fértil donde poder enraizar y producir frutos de amor. Jesús es el modelo.

Is 42, 6-­‐7

 Yo soy el SEÑOR, en justicia te he llamado; te sostendré por la mano y por ti velaré, y te pondré como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para que abras los ojos a los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de la prisión a los que moran en tinieblas.

OBRAS DE MISERICORDIA 

Corporales
Visitar a los enfermos Muchos hermanos viven con tristeza y desconsuelo el momento de su enfermedad. Necesitan una palabra de aliento o un rato de compañía.
Dar de comer al hambriento Muchas personas, por distintos motivos, tienen necesidad de alimentos. No nos corresponde juzgarlos sino ayudarlos.
Dar de beber al sediento Calmar la sed de nuestros hermanos: sed física, sed de Dios…
Dar posada al peregrino Ayudar a que todos podamos tener un techo digno, y colaborar para el que no lo tiene pueda ser acogido y ayudado.
Vestir al desnudo Esto no es dar lo que me sobra, sino compartir de lo que tengo.
Visitar a los encarcelados No convertirnos en otros jueces para ellos sino en hermanos que les tienden su mano para ayudarles a reorientar sus vidas.
Enterrar a los muertos Esto no significa olvidarlos, sino todo lo contrario, esta obra de misericordia nos lleva a otra en la que se nos invita a rezar por los vivos y los muertos.
Espirituales
Enseñar al que no sabe Además de asistirlos debemos enseñarles a realizar por ellos mismos aquellos que no saben. Enseñemos también a orar, a perdonar, a perdonarse, a compartir, etc.
Dar buen consejo al que lo necesita Esto no es simplemente dar una palabra de aliento, sino hablar desde lo que el
Corregir al que se equivoca Evitar la burla y ayudarlo con amor fraternal para que no le vuelva a ocurrir.
Perdonar al que nos ofende Una de las más difíciles, tanto, que Jesús ha hecho que lo pidamos cada vez que rezamos el Padre nuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros…”
Consolar al triste Dios es consuelo para el triste, pero ha querido valerse de nosotros para consolar a los demás.
Sufrir con paciencia los defectos de los demás Pero cuando estos causan más daño que bien, con mucha caridad, debe hacerse la corrección fraterna.
Orar por los vivos y difuntos Cada oración que hacemos por alguien es una intercesión, una manera de acercar al otro a Dios

 Revisión de  los  compromisos de  la  semana anterior

Dinámica 1  ¿Por  qué  se  podan los árboles?

Necesitaremos: Hoja de papel, lápices de colores, rotulador rojo

Desarrollo: Los participantes realizarán un dibujo similar al del árbol de abajo.

En cada rama irán escribiendo rasgos de su personalidad o acciones cotidianas que hacen bien y acciones cotidianas o rasgos que no son tan buenos, de tal manera que están salteados.

Cada participante explica su árbol con lo que ha escrito.

  • ¿Hasta dónde afecta lo que hacemos bien o mal? ¿Cuáles son las consecuencias de nuestros actos? Podemos repasar algunos de los rasgos positivos y
  • ¿Por qué se podan los árboles?

Nosotros también tenemos que hacer una poda, porque las ramas de nuestro árbol que están podridas o estropeadas debilitan nuestro árbol, que tiene que crecer fuerte y sano.

En el sacramento de la reconciliación reconocemos nuestras ramas inútiles, las que nos impiden amar más a los demás y le pedimos a Dios que sea Él quien nos quite esos obstáculos.

Reconocemos nuestras ramas  débiles marcándolas de rojo, o rodeándolas de ese color.

  • ¿Duele o nos fastidia renunciar a algunas cosas que hacemos mal? ¿por qué?
  • ¿Cómo nos sentimos cuando nos confesamos con un sacerdote? Seguro que más ligeros. Así se siente nuestro arbol después de la

Confesarse representa hacer una poda. Y también representa el abrazo del Padre Bueno ayudándote a mejorar cada día.

Dinámica  2  Convertimos  nuestros nombres

Necesitaremos: Hoja de papel cortada en cuadraditos de 3 cm aproximadamente.

Desarrollo: Cada uno de los participantes tomará tantos cuadraditos de papel como letras tiene su nombre y un apellido. A continuación escribirá su nombre y apellidos letra por letra en cada uno de los cuadraditos.

Se juntan todos los cuadrados de papel, se mezclan y se reparten a partes iguales entre todos. (El catequista se queda con los excedentes).

Cada participante deberá formar una palabra positiva de actitud, pensamiento, deseo o acción. Gana el que consiga la palabra de mayor número de letras. Puede haber empates.

Se repite la ronda dos o tres veces.

Los nombres de cada uno siguen estando en la mesa, aunque desordenados, y mezclados junto con otros nombres. Probablemente falten algunas letras.

  • ¿Cuántas palabras distintas hemos hecho entre todos?
  • ¿Cuántas palabras podríamos haber hecho con nuestro nombre y apellido solo?

Conversión significa  entregarse, como se entregan nuestros nombres para formar buenas palabras.

En la dinámica que acabamos de hacer podemos ver claramente lo que queremos que Dios haga con nosotros, que nos convierta en cosas buenas, pero para ello tenemos que aceptar nuestra entrega, nuestra participación. Tenemos que aceptar que Dios mueva lo mejor de cada uno para ser causa de bien junto con otros; y que elimine lo malo de nuestra vida que no podemos emplear para hacer el bien.

Además, nos damos cuenta de que no podemos solos, necesitamos a los demás para avanzar.

  • ¿Con quién cuento en mi vida que me ayude a la conversión?
  • ¿A quién puedo yo ayudar a descubrir cómo encontrar la amistad con Jesús?

Lectura  del Evangelio

(Nos preparamos especialmente para hacer poner en práctica lo aprendido, Conversión. Así podemos estar atentos a la Palabra de Dios. Él nos va a decir algo a cada uno de nosotros).

Hacemos eco de la Palabra.

  • ¿Qué le pasaba a la vid? ¿Cuánto tiempo llevaba así?
  • ¿Qué querían hacer con ella? ¿Qué sucedió al final?
  • ¿Por qué insiste tanto Jesús en nuestra conversión?
  • ¿Qué relación tiene la vid conmigo?
  • ¿Qué he de hacer?

Jesús nos recuerda que la vida no merece la pena vivirla si no es fruto de una auténtica conversión. Dios espera con amor que nos demos cuenta de nuestros fallos para que nos volvamos a Él y comencemos a dar fruto.

Dinámica  3.  Obras  de misericordia

Necesitaremos: La tabla de obras de misericordia, recortadas y separadas cada nombre de su explicación.

Desarrollo: Se mezclan todas las obras de misericordia y sus explicaciones, y se reparten al azar entre los participantes.

Tendrán que buscar por la sala, sin hablar, solo con gestos, la parte que falta de su obra de misericordia.

Una vez encontrada las parejas, cada uno irá leyendo la obra de misericordia que le ha tocado y su explicación correspondiente.

Las obras de misericordia nos ayudan a parecernos un poquito más a Dios, a pensar más en los demás, a aliviar la carga de los que nos rodean, a hacer un mundo más feliz.

Entre todos se intentarán en establecer más o menos un orden de dificultad de las obras de misericordia.

  • ¿Cómo puedo realizar alguna de estas obras de misericordia en mi colegio, en casa, con mis amigos, etc.?

Dinámica 4.  Te necesito

Necesitaremos: Canción “Te necesito”, del album Teselas de luz y barro de Ixcís. http://www.ixcis.org/index.php/component/k2/item/64-­‐teselas-­‐de-­‐luz-­‐y-­‐barro-­‐2013

TE NECESITO

Te necesito como el agua que llega a los ríos. Te necesito como el fuego que ahuyenta el frío.

Para sentirme vivo te necesito. Te necesito (4).

Te necesito para soñar nuevos caminos Te necesito con tu corazón pegado al mío.

Para sembrarme contigo te necesito. Te necesito, otro mundo es posible contigo.

Te necesito, en un poco de pan y vino. Con tu mirada de niño,te necesito.

Desarrollo: Escuchamos la canción y señalamos aquellas frases que nos llaman más la atención y por qué.

Le decimos a Jesús que lo necesitamos más que nunca, para llevar a cabo la auténtica conversión. Para transformar nuestro corazón y el de los que nos rodean.

Compromiso

Nuestro compromiso para esta semana está encaminado hacia la conversión y las obras de misericordia. Por un lado, es buen momento para participar del sacramento de la Reconciliación, y por otro poner en práctica alguna obra de misericordia, sin perder de vista nuestra oración.

Oración

Podemos repetir varias veces con los ojos cerrados y en calma: “Jesús, confío en ti. Te necesito” Rezamos la oración del Padrenuestro, poniendo especial intención en las peticiones de conversión: “venga a nosotros tu Reino”, “hágase tu voluntad”, “Perdónanos”, “No nos dejes caer”, “líbranos del mal”.

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