Materiales pedagógicos: 4º Domingo de Cuaresma

Semana 4.  “Dios nos ama con todo su    corazón” Lc 15, 13. 1132

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna». El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.

Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros». Se levantó y vino

adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado». Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud». Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado». Él le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado»»

 Con el evangelio de este domingo descubrimos una de las catequesis que mejor resume el misterio de la misericordia de Dios. Jesús nos habla de su padre en términos que podemos comprender.

Cualquier elemento de esta escena puede ser una representación de nosotros mismos, nuestros anhelos y deseos, nuestras pretensiones más profundas. Sobre la historia que nos narra Jesús encontramos los distintos matices de nuestra relación con el mundo y con Dios. El hijo que, frente a su padre, considera que se le debe algo más que su propia existencia. El que siente ansiedad por disfrutar de la vida. El que necesita de una libertad mal entendida. El que antepone su superflua felicidad a una relación de amor hijo-­‐padre. Por otra parte, está el criador de cerdos, al margen de la historia, interviene como alternativa a la vida junto al padre; espectador, agente pasivo, distante, alimentando otras necesidades. También tenemos los distantes personajes con los que el hijo  menor malgastaba su dinero, las tentaciones del mundo, satisfacciones de la sociedad de consumo, búsqueda de placer. En otro lugar el hermano mayor; orgulloso, cuestionador, cree estar en posesión de la justicia, pide cuentas de lo que sucede. Los criados y siervos, al servicio atento y constante de su Señor, también espectadores de la vida. Y el Padre, paciente, constante, vigilante ante el amor de su hijo. Profundamente misericordioso. Todos tenemos mezclado estos ingredientes en nuestro ser, algunas veces queremos más independencia, otras condenamos con severidad, otras veces servimos sin cuesionar, muchas veces, también, nos sentimos pecadores, solos, desamparados.

Pero, para toda nuestra miseria y debilidad tenemos el abrazo tierno del padre,  el que nos acerca de nuevo al calor del hogar, porque su misericordia y perdón  va mucho más allá que nuestras  limitaciones y faltas.

Quizá tenemos que tropezar para descubrir lo poco que somos, o a lo mejor necesitamos pasar hambre para darnos cuenta que no estamos alimentando debidamente nuestro corazón. El primer paso es tomar conciencia de que hay cosas en nuestra vida que no hacemos bien, y que necesitamos del abrazo del Padre Dios. Tanto si nos identificamos con un hijo u otro, tenemos que aprender  a disfrutar del Amor de Dios, el que ya tenemos pero del que aún no tomamos conciencia. Disfrutemos del gozo de estar en la casa del Padre, en su regazo de amor.

Esta semana, tenemos por objeto descubrir el corazón de la cuaresma: el abrazo del Padre es la catequesis central de nuestra vida. Para esto se nos llama, para que anunciemos al mundo que “Dios nos ama con locura”. El corazón de Dios es tan grande que cabemos todos, hasta con nuestras cargas y dificultades, y cuanto antes nos demos cuenta de ello, antes podremos contagiar nuestra fe.

El corazón simboliza la vida, pero también es la señal del amor, de la entrega de uno hacia el otro. Todos los mensajes que nos envía Dios están en clave de amor, nos pide que perdonemos, con amor, que sirvamos al que lo necesita, con amor, que demos de comer al hambriento, de beber al sediento, de consolar, visitar, dar consejo, … todo con amor. Y todo aquel que se siente profundamente amado por Dios, no tiene más que experimentar el gozo de su misericordia para darse  cuenta que en esto consiste la verdadera felicidad, en que Él se vale de nosotros mismos para amar a los que lo necesitan.  Seamos cauce, pues, de su amor.

El evangelio no nos narra si el hermano mayor entró o no en la fiesta, ésta posiblemente sea nuestra misión, terminar la historia, hacer de hermano mayor. Tomar conciencia de que todos son mis hermanos ante un mismo padre Dios,  que nos quiere incondicionalmente.

Revisión de  los  compromisos de  la  semana anterior

Dinámica 1  ¿Me  das  un abrazo?

Desarrollo: El grupo se dispone en círculo sentado. Comienza un participante y le pregunta al de la derecha “¿Tú sabes qué es un abrazo?”, a lo que el de la derecha responde “si, verás” se ponen de pie y le da un abrazo. A continuación le pregunta al primero “¿lo has entendido?”. De nuevo el primer participante responde “No me queda claro”. Así que el segundo le vuelve a dar un abrazo y le pregunta “¿Y ahora?”. El primero responde, “Si, gracias”, y se sienta.

El segundo participante vuelve a repetir esto con el tercero y así sucesivamente hasta que todos completen el círculo

  • ¿Qué me ha parecido esta experiencia? ¿Cómo me he sentido cuando yo enseñaba el abrazo? ¿Y cuando me lo han enseñado?
  • ¿Qué significado tiene el abrazo?
  • ¿Qué efectos produce en las personas?
  • ¿Cuándo damos abrazos?

Abrazar algo significa acogerlo en su plenitud, al completo. Acercarlo al corazón. Es una manifestación voluntaria de amor

  • ¿Hemos necesitado alguna vez que alguien nos abrazara?
  • ¿Cuándo nos abraza Dios?
  • ¿Qué podemos decirles a otros sobre el abrazo de Dios?

Dinámica 2. En  el lugar del otro   I

(Esta dinámica tiene dos partes, debido a que se realiza conjuntamente con la lectura del evangelio, que se lee entre ambas. Se trata de ver en nuetra vida los aspectos que nos impiden tomar conciencia del amor de Dios, juzgar a la luz del evangelio y actuar consecuentemente).

Necesitamos: Fichas adjuntas de características de personajes

Desarrollo: Se colocan las fichas de personajes sobre la mesa. Cada participante irá visualizando las fichas y escogerá una según las frases que en ella aparecen. Pueden coincidir varios participantes.

Con un lápiz o boli deberán marcar la frase que le llame la atención o le sugiera algo.

Se realiza una ronda de preguntas:

  • ¿Por qué he elegido esta hoja?
  • ¿Con qué frase me siento más identificado? ¿Por qué?
  • ¿Con el resto de las frases también me siento identificado?
  • ¿Conozco a alguien que cumpla todas las frases?
  • ¿Cómo siento que esto me aleja/acerca de Dios?
  • ¿Qué puedo hacer para acercarme más a Dios y a mi prójimo?

A continuación, si vamos bien de tiempo, se puede realizar otra ronda, elegir otra hoja con distintas características, y otra frase con la que nos sintamos identificados.  Después se realiza una nueva tanda de preguntas.

Lectura  del Evangelio

Hacemos eco de la Palabra de Dios.

  • ¿Qué le pasó al hijo menor? ¿Por qué quiere irse?
  • ¿Cómo crees que se fue de casa? ¿Feliz con su padre o enfadado?
  • ¿Qué le sucedió después?
  • ¿Cuándo se dio cuenta de lo que había perdido?
  • ¿Cuál fue la reacción del Padre?
  • ¿Cuál fue la reacción del hermano mayor?
  • ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si fuéramos el padre de la parábola?
  • ¿Cuándo nos hemos sentido como alguno de los hijos?

Dinámica 3  En  el  lugar del otro II

Necesitamos: Fichas adjuntas de características de personajes de la dinámica 2. Etiquetas de papel o post-­‐it. Bolígrafo o lápiz.

Desarrollo: Vamos a identificar cuántos personajes aparecen en la parábola. Le pedimos a algún participante que los vaya apuntando en una tarjetita de papel cada uno.

(Si encuentran mucha dificultad se les ayuda: hijo menor o hijo pródigo, hijo mayor, padre bueno, criador de cerdos,  criados-­‐jornaleros)

  • ¿Cómo eran cada uno de estos personajes?

A continuación intentamos relacionar cada hoja de características de la dinámica anterior con uno de los personajes de la parábola, colocando la tarjetita del personaje sobre su hoja correspondiente.

(Las hojas de características son un reflejo de las actitudes que vemos en las personas que nos rodean y en nosotros mismos, están mezcladas buenas y malas, pero en general responden a una figura del pasaje del hijo pródigo).

Preguntamos por qué creen que esos personajes deberían estar con esas características.

Solución:

  • ¿A qué personaje me he acercado más?
  • ¿Qué es lo que me dice la parábola que hemos leído? ¿ Qué tengo que hacer?
  • ¿Cuáles son las actitudes de cada ficha de personaje que tenemos que potenciar y cuales las que tenemos que alejar?

Se puede leer de nuevo la parábola, para buscar cuáles son los verbos o acciones que aparecen respecto a la actitud del padre.

  • ¿Qué hacía el padre bueno?
  • ¿Qué podemos hacer para parecernos más a ese padre bueno?

Conclusión:

«Dios nos busca, nos espera a pesar de nuestros pecados y faltas. Para él es mucho más importante que lo miremos y le tendamos nuestra mano. Su amor al extremo hacia nosotros es lo que llamamos Misericordia, porque entrega su corazón por nuestra salvación».

Dinámica 4  El  corazón  de  lo inmerecido

Necesitamos: Papel, bolígrafos. Una bolsa o caja. Una Cartulina roja. Tijeras. Rotuladores.

Desarrollo:

Primera parte. Cada participante va a escribir en trozos de papel 5 cosas que estén mal, pecados, faltas leves o graves, faltas de amor, etc..

Luego lo irán volcando en secreto en una bolsa.

El animador irá sacando alguno de estos papeles y leerá en voz alta y lanza la siguiente pregunta: ¿Vosotros perdonaríais esta falta? ¿Creéis que Dios será capaz de perdonar a alguien que ha cometido esta falta?, así varias veces con distintos papeles.

A continuación sigue formulando lo siguiente: “Dios perdona a todos, por muy mal que haya hecho. Y los quiere a todos, pero también sufre mucho cuando las cosas no se hacen bien. El secreto para su perdón es nuestro arrepentimiento verdadero”.

Segunda parte. En el corazón de Dios cabemos todos, con nuestras cosas, nuestras limitaciones, nuestro pequeño mundo. El nos quiere por encima de todo. Así que vamos a escribir en un corazón de cartulina nuestro nombre y aquello que queramos añadir de nuestra vida para que sea también amado por Dios, familia, estudios, amigos, etc… de esta manera simbolizamos que Él nos envuelve y que para Él todos somos sus hijos, y por lo tanto iguales.

También podemos recortar un corazón más pequeño por participante, para que escriban o dibujen ahí cada uno su nombre y algo a destacar de su vida, para formar entre todos un gran corazón que simbolice el amor de Dios.

Compromiso

Para esta semana, nuestro compromiso puede estar encaminado a promover en nuestra vida actitudes del padre bueno, el perdón, la espera, el amor por encima de todo. También podemos comprometernos a esforzarnos para disfrutar del hogar, fomentando un ambiente de paz y alegría, obedeciendo a los padre y tratando con paciencia a los hermanos.

Sería un buen momento para comprometernos en abrazar a nuestros padres y abuelos, si es que no lo hacemos.

Oración

Podemos rezar con ayuda del salmo 33 “Gustad y ved qué bueno es el Señor” Sal 33 Bajo la protección divina

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

 Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

 Contemplarlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. El afligido invocó al Señor,  él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

 El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor,  dichoso el que se acoge a él.

 Todos sus santos, temed al Señor, porque nada les falta a los que lo temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada.

Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. ¿Hay alguien que ame la vida  y desee días de prosperidad?

 Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.

FICHAS DE PERSONAJES

AMO LA LIBERTAD
Sé perfectamente lo que quiero en la vida
Nunca me equivoco
Tengo edad para vivir intensamente
Mis amigos me limitan muchas veces
Mi casa se queda pequeña
No necesito que nadie me diga qué y cómo tengo que hacer las cosas

 

ESO NO ES JUSTO
Me gusta que todos seamos tratados igual
Me fijo mucho en lo que hacen los demás
Soy responsable y trabajador
Soy intransigente con los fallos de otros
Me suelo quejar ante mis padres o superiores
Nunca estoy plenamente feliz en las cosas que hago

 

DESDE LEJOS SE VE MEJOR
Cumplo con mis obligaciones
Vivo ajeno a lo que pasa a mi alrededor
Mi vida está encauzada, encaminada
No me complico más de la cuenta
No tengo ningún problema para trabajar con cualquier persona
La responsabilidad es lo primero

 

SIEMPRE ATENTOS
Cumplo fielmente con mis responsabilidades
No suelo quejarme mucho
Mi vida es sencilla
Soy obediente
Prefiero no pensar, que me digan lo que tengo que hacer
Soy una persona discreta.

 

LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE
Pocas veces tiro la toalla
Soy capaz de perdonar cuando alguien me la juega profundamente
Me alegro con los éxitos de los demás
La generosidad es habitual en mi
Pongo la amistad por delante de los fallos y dificultades
Entrego todo mi corazón a pesar de saber que me la pueden jugar

 

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