Pensamientos de Nazaria para el mes de abril

ABRIL

RESUCITAR CON CRISTO-FIDELIDAD AL ESPÍRITU-APOSTOLADO DE LA MUJER.

“Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspiren a las cosas de arriba, no a las de la tierra” (Col 3, 1-2).

DÍA:

  1. Las llagas del Cuerpo Resucitado de Cristo, son los más gloriosos trofeos de su victoria en el árbol de la Cruz; por eso quiso que en el cielo le acompañasen, lo mismo que en la tierra y animar con Ellas nuestra debilidad con el deseo de sufrir por su amor, ya que por nosotros, Él sufrió tan dolorosas afrentas.
  1. Adoremos las llagas glorificadas del Señor y grabémoslas en nuestros corazones pecadores, para encenderlos más y más en su amor…
  1. Procuremos testimoniar la alegría Pascual, apareciendo ante los hermanos con el espíritu sobrenatural reflejado en nuestros actos, dejando resplandecer el triunfo de Cristo en nuestras vidas.
  1. El Sábado Santo se inaugura la vocación de la mujer al apostolado. Los Ángeles confían a las Santas Mujeres la misión de llamar y reunir a los apóstoles: “Vayan y digan a los discípulos y en especial a Pedro, que Jesús ha resucitado…”.
  1. Animémonos viendo como el Señor acepta nuestros servicios, en la persona de las Santas Mujeres, para hacernos apóstoles de la Resurrección. Imitemos la prontitud con que ellas cumplen su misión y vayamos a las almas para anunciarles que Cristo ha resucitado y las espera…
  1. “Tengan confianza, Yo he vencido al mundo…”. Procuremos saborear estas palabras y animar nuestro espíritu cuando se sienta cobarde, confiando en el gran Vencedor. Que sus divinas promesas nos animen a cambiar con fervor hasta el fin de la jornada.
  1. La paz es un Don de Dios. Es la frase que Cristo tiene en sus labios después de resucitado: “La paz les dejo, la paz les doy… Así saluda a sus amigos”.
  1. Vivamos de verdad el compromiso cristiano, no con apariencias de verdad. Hagamos visible nuestra resurrección a los ojos de los hombres, con nuestras actitudes de amor hacia ellos.
  1. Decidámonos a amar a Jesús con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser; sentiremos así la fuerza misteriosa del Resucitado, para emprender grandes obras por la gloria de Dios y la salvación de las almas.
  1. Ante las dotes gloriosas del Cuerpo Resucitado del Señor, animémonos a trabajar con gran fe y entusiasmo para adaptarlas a nuestra condición humana, pues según nuestra confianza y nuestro esfuerzo, alcanzaremos la impasiblidad para ver las cosas y acontecimientos a través de la fe, sin turbación, con gozo, porque tenemos la certeza de que Dios nos ama. La claridad, porque cuando se vive sobrenaturalmente, se transparenta la presencia de Cristo, se difunde su luz. La agilidad, la manifiesta el alma que está pronta a cumplir la Voluntad de Dios. La sutileza se manifiesta en el alma, cuando el espíritu sobrenatural es ya connatural en ella y tiene hondura para penetrar en los misterios de Dios. Si hemos resucitado con Cristo, animémonos a conseguir estas dotes.

 

  1. Miremos nuestra alma y nuestro cuerpo como santuario donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitan. Por respeto a su divina presencia, procuremos no cometer la menor falta que pueda manchar este Templo; que nuestros cinco sentidos y nuestras tres potencias, estén siempre al servicio de las tres Divinas Personas.

12. Reconozcamos nuestra altísima dignidad cristiana:

-El Padre, nos ha creado y nos conserva cada día, para que le sirvamos.

-El Hijo, por medio de la Sagrada Eucaristía, vierte sobre nuestras almas su                              Sangre y con su Cuerpo nos alimenta, aumentando la vida de la gracia.

-El Espíritu Santo, se difunde en nosotros por medio de los Sacramentos y con                         sus Dones nos ayuda a ser santos.

  1. ¡La paz!. Es la palabra de Jesús, cuando después de resucitado, trata de recoger a su grey dispersa, de formar su colegio Apostólico.

 

  1. Jesús revela su misión a los Apóstoles: “Yo les envió como mi padre me ha enviado…” y para alcanzar los mismos fines: Glorificar al Padre y salvar a los hombres. ¡Que misión tan alta la del apóstol!

 

  1. Para se apóstol es preciso esforzarse por alcanzar la santidad; pero es necesario tener gran paz y ésta se consigue, dando a Dios todo lo que le pertenece.

 

  1. Demos a Dios lo que le pertenece y veremos cómo se evitan esos choques en los que la paz se hace trizas a causa de ese torbellino que desde dentro nos sale al exterior, perturbándolo todo.

 

  1. ¿Qué recibe el Señor de los hombres…?, ¿qué recibe de mí en particular?. La conciencia ha de dar, sin embages, la respuesta. Si contesto sin rubor, debo agradecer al Señor el haber sido fiel servidor suyo; si respondo con dolor por mis infidelidades, debo tratar de borrarlas y empezar de nuevo a serle fiel.

 

  1. Una nueva alegría nos trae cada aurora, como si sangre nueva corriera por nuestras venas y el corazón rebozara de ilusiones. Es Dios el que da al hombre esta alegría de vivir, con cada rayo de luz que ilumina el día y el que pone en nuestras almas el deseo de ser hoy, un poco mejor que ayer…

 

  1. Las llagas del Cuerpo glorificado del Señor, deben sernos muy consoladoras y alentadoras; deben ser el remedio más eficaz para nuestras miserias; en ellas podremos descansar con gran paz, al esconder en sus huecos amorosos, toda nuestra maldad y pequeñez.

 

  1. Debemos contribuir a sostener la paz y la alegría a nuestro alrededor, dándonos totalmente a todos y en todo; lo mismo a nuestras familias, que a nuestros compañeros de trabajo o de estudio; a los amigos y a los pobres en especial. Todo, hecho por fidelidad al Espíritu que se nos comunica en el corazón.

 

  1. Jesús nos da a entender la necesidad que tenemos de mantener la paz interior. Después de Resucitado, no tiene otra frase para saludar a los suyos: “La paz les dejo, mi paz les doy…”.

 

  1. El cristiano que conserva la paz en su alma, estará siempre dócil a la Voluntad de Dios. Apacible y sensible, a la acción del Espíritu Santo.

 

  1. La paz será la fuerza que nos sostendrá al pie de la Cruz, como a María, y la que nos hará reaccionar, después de unos instantes de abatimiento.

 

  1. La paz alegrara nuestra esperanza, porque Dios que habita en nuestra alma, es Dios de paz y Él mantendrá la alegría en el corazón… la sonrisa en los labio… y la fe en lo profundo del ser.

 

  1. El estado de paz profunda que proviene del amor, lleva al alma a permanecer en sacrificio constante por los demás; la sostiene en sus fracasos y evita sus cobardías, dándole el valor necesario para realizar la obra que Dios le ha confiado.

 

  1. Es en torno del Sagrario donde gira nuestra vida; es allí, en la soledad y en el silencio, donde el Espíritu nos ha conducido para escuchar su VOZ. Seamos, pues, muy dóciles a sus divinas inspiraciones; no le neguemos nada de lo que nos pida.

 

  1. Cuando desechamos las inspiraciones del Espíritu Santo, nos parecemos a los invitados del Evangelio, que no quisieron ir al Banquete a que Jesús les invitaba.

 

  1. Si llegamos a ser una misma “masa” con la “nueva” de que nos habla San Pablo, ¡qué gozosa será la Pascua Eterna, en la que Cristo sea todo en todos!

 

  1. Si de verdad deseamos ser fieles a las inspiraciones del Señor, el Espíritu Santo reposara en nuestros corazones y se quedara en ellos, para llenarlos de su Luz y transformarlos.

 

  1. No desoigamos las inspiraciones del Espíritu Santo. Recordemos que al enrolarnos bajo la bandera de Cristo, no hemos alistado para el martirio. Llenos de valor, entremos, pues, al combate, que el Señor no permitirá que supere nuestras fuerzas.

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