Pensamientos de Nazaria para el mes de agosto

Nos habla la Madre

Madre Nazaria Ignacia, acostumbraba todas las mañanas, como ella decía, a “regar mis plantitas”… Con esta frase, la Madre se refería a los ricos comentarios del Evangelio que, día a día, entregaba a sus hijas con sencillez y humildad. De sus escritos se han entresacado 365 pensamientos que, a modo de gotas de agua, tienen la pretensión de regar hoy las plantas de cada uno/a de nosotros/as, saciando nuestra sed de Dios, y disponiendo la tierra para que el Evangelio penetre y… Produzca fruto abundante.

 AGOSTO

FE-ORACIÓNESPÍRITU SOBRENATURAL-CONFIANZA

“Les he escrito estas cosas a los que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que se den cuenta de que tienen vida eterna. En esto está la confianza que tenemos en Él: En que si le pedimos algo según su voluntad nos escucha” (1Jn 5, 13-14).

DÍAS:

  1. Si la estrella de la fe se enciende, aunque haya pequeños nublados, les hará la vida como un paraíso en la tierra.
  2. Hay que creer…Tengamos fe en la palabra de Dios y Él hará prodigios: Hará fecunda nuestra infecundidad.
  3. Orar es vivir como el incienso…quemándose en las brasas del deber.
  4. Hay que unir la acción a la contemplación para ser fecundos; manteniendo de una manera suave la presencia del Señor; haciéndolo todo por Él, con Él y en Él.
  5. Cuando la vida contemplativa desaparece de la activa, la vida espiritual se debilita y hasta puede extinguirse; que el alma que no se alimenta, no puede tener vida.
  6. No podemos dedicarnos a la vida activa sin espíritu de contemplación… llama y fuego no pueden separarse; todo el apóstol debe ser acción y contemplación unidas.
  7. Los grandes misterios divinos se realizan en la oscuridad… El alma cambia, ¿cómo?, ¿cuándo?. No se sabe: La obra se ha cumplido en la sencillez del ocultamiento…
  8. Señor tengo fe en Tí. Si a mí me toca tener fe en tu misericordia, a Ti te toca tener misericordia de mí.
  9. Nada de lo que nos rodea debe estorbarnos para ir a Dios; todo empuja suave, pero fuertemente hacia Él…
  10. En los momentos difíciles, en nuestras oras de lucha, miremos a Jesús y retornémosle amor, por amor… fidelidad, por fidelidad…
  11. Cuidemos la devoción como a planta delicada que se le quita del relente y del sol, buscándole un ambiente templado. Procuremos, pues, la devoción, con la modestia en el exterior y el recogimiento interior, como clima templado y apto, donde crezca suavemente.
  12. Sepamos ver, tras las sombras de las dificultades, a Jesús que viene a socorrernos, pero quiere antes probar la firmeza de nuestra fe. Si no hubiera ocasiones de desconcierto, ¿cómo podríamos santificarnos?
  13. Cuando Jesús encuentra un alma que sabe reconocerle y adorarle, sin turbarse ante las dificultades, la convierte en una continua alabanza de su Gloria.
  14. Vigoricen sus almas, no con sentimentalismos; sino con el cumplimiento frió y seco del deber, por amor.
  15. La Santísima Virgen pasa de la tierra al cielo en dulcísimo transito de amor. Ningún temor le asedia; sus buenas obras le acompañaran; su vida entera es su mayor consuelo: Ningún instante dejo de vivir para Dios. Sufrió mucho, casi siempre en soledad, pues Dios pidió a la Señora esa virtud tan necesaria: Callar. Ella guardó siempre la virginidad de su dolor en el silencio, esa virtud que es fuente de energía y de vida, en su aparente inmovilidad.
  16. No nos cansemos de esperar la “hora de Dios” en nuestra suplica diaria, que el Señor recompensa siempre la perseverancia, esta virtud tan difícil para la inconstancia humana…
  17. El Señor se oculta al darnos sus dones, para que tengamos la satisfacción de creer que somos nosotros los que labramos nuestra propia felicidad, cuando es sólo SU BONDAD, la que en esta vida nos dá los medios y en la otra, no dará los premios.
  18. La oración es nuestra arma de combate. Nuestra vocación cristiana es luchar, orando.
  19. Nuestra palabra, trenzada con la oración y el buen ejemplo, es creadora y transformadora.
  20. El Señor nos llama al banquete Celestial. ¡ Oh, el día en que se abran esas puertas, que poco nos parecerá lo que hayamos hecho por Cristo!.
  21. El alma que sabe conservar la presencia de Dios, no tiene que buscar la palabra de otro; puede por experiencia propia decir: “Yo sé lo que es Cristo”.
  22. Cuanto más integra te conserves, como María, en cuerpo y alma para Jesús, Él reposara mas tranquilo en ti, guardado por la entereza de tu mente, de tu cuerpo y de tu corazón.
  23. Cuando la tierra les ofrezca sus goces, miren al cielo; cuando el dolor oprima sus almas, miren al cielo.
  24. Como San Bartolomé, conviene que estemos prevenidos para la persecución, que el divino Maestro profetizo a los apóstoles que sufrirían por su causa y pedirle que nos conceda un corazón fiel y fuerte para seguirle hasta la muerte, gloriándose de su cruz y recordando que Él llamó bienaventurados a los que sufren persecución por la justicia.
  25. Entonen siempre un himno de gloria a Dios; lo mismo cuando les dé el calor de su pecho, que cuando les coloque en la desnudez de la cruz.
  26. Sin un milagro especialísimo, las especies sacramentales no permanecen en nosotros más de diez minutos… Por la gracia santificante, Jesús permanece siempre en nuestras almas.
  27. Si queremos ser “madres de almas”, no podemos negar nada a Jesús; nuestro “fiat” tiene que ser constante, pues engendrar hijos cuesta muchos dolores…no hay hijos sin sangre… Pero la madre no rehuye el sacrificio, por mucho que lee cueste.
  28. Si no se colocan bajo el influjo de una gran pureza de conciencia y de una gran rectitud de intención, no podrán ser canales de Jesucristo.
  29. Cada mañana repitan con devoción intensa: Pasión de Cristo, confórtame y si las oleadas del amor egoísta quieren romper su casilla, insistan una y otra vez…: ¡Dentro de tus llagas escóndeme!
  30. Amen mucho la pureza de conciencia. Huyan de toda mancha de pecado, así sentirán a Dios en ella.
  31. El Señor dice al paralítico: “Toma tu lecho…”. Ese, es el lecho de la personalidad, del modo de ser, del carácter, de los defectos… nuestros “pros” y nuestros “contras” para la virtud. El Señor nos manda tomar esa personalidad para ir tras Él. No quiere que perdamos nuestro modo de ser, sino que lo utilicemos en su servicio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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