Pensamientos de Nazaria para el mes de septiembre

Nos habla la Madre

Madre Nazaria Ignacia, acostumbraba todas las mañanas, como ella decía, a “regar mis plantitas”… Con esta frase, la Madre se refería a los ricos comentarios del Evangelio que, día a día, entregaba a sus hijas con sencillez y humildad. De sus escritos se han entresacado 365 pensamientos que, a modo de gotas de agua, tienen la pretensión de regar hoy las plantas de cada uno/a de nosotros/as, saciando nuestra sed de Dios, y disponiendo la tierra para que el Evangelio penetre y… Produzca fruto abundante.

 SEPTIEMBRE

VIRGINIDAD EN EL DOLOR–PUREZA DE INTENCIÓN-MATERNIDAD ESPIRITUAL

“La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso… será… como cuando la lámpara te ilumina con su luz” (Lc. 11, 34 y 36)

DÍAS:

  1. ¡0h, si pudiéramos vivir en nuestras almas la virginidad del dolor! ¡Ese conservarse intacto en el padecer, sin buscar arrimos, ni consuelos humanos… Vivir esa pureza del corazón que se conserva integro para Dios…!!!
  2. Callemos esas operaciones divinas que nos destrozan… no las profanemos compartiéndolas con las criaturas…!
  3. Seamos viriles, con temple de combate; en el ejército no lloran los oficiales cuando se les desgarra el uniforme… No lloremos tampoco nosotras, cuando en las batallas por la gloria divina, se desgarra nuestro corazón.
  4. En el cielo nos encontraremos con nuestra posteridad…: los hijos engendrados en el sacrificio. ¡Cuán fecunda es la virginidad en el dolor! Cuando se experimentan estas cosas, no se necesita fe.
  5. Acostumbrémonos a conservar intacta la virginidad del alma: ese gran secreto en que se verifica el brote de vida, cuando el grano de trigo se deshace oculto en la tierra…
  6. Jesús ha dicho: “El que cumple la Voluntad de mi Padre, ese es mi madre…” Si somos integras en vivir sus enseñanzas, podremos ser “madres de almas”… pero es preciso ser muy fieles y tener un corazón muy limpio y lleno de ternura, para amar a “estos hijos”.
  7. Procura unirte al Divino Corazón de Jesús, pidiéndole que comparta contigo sus dolores y agonías. Pídele la gracia de saber guardar por su amor, la virginidad en el padecer, sufriendo en silencio, como El y como María, todo el dolor que se digne compartir contigo.
  8. Seamos siempre devotísimos de la Santísima Trinidad. Rindamos culto especial a las Tres Divinas Personas, ofreciéndoles todo nuestro ser; pero especialmente, las potencias de nuestra alma para que las tome por suyas y venga a residir en el Templo de nuestro corazón. Pidámoslo,  con gran pureza.
  9. Pasamos nuestros días en la tierra, haciendo el bien que podamos; sin mostrar fatiga, ni cansancio; luchando por Jesús y por su Iglesia… todo en silencio…
  10. Sólo con el sacrificio por amor, crece el Amor. Sin sacrificio en difícil que el Señor habite en nuestras almas. Hagamos el sacrificio con alegría… que nadie advierta nuestro dolor… que sólo se advierta su Presencia…
  11. Vayamos tras el Maestro, poniendo nuestros pies en sus huellas, aunque nuestro corazón chorree sangre…
  12. ¿Sabéis en qué podemos y debemos ser grandes?: En el conocimiento de nuestra miseria, de nuestra nada; en la pureza de nuestras acciones e intenciones; en los deseos e ideales, transformados en realidades.
  13. Vivir para sí, buscando satisfacciones humanas, es rebajarse demasiado, es descender a la categoría de reptil que se arrastra por el lodo: la vida cristiana es vivir pensando en los demás, en constante acto de servicio, en donación sin medida…
  14. Es necesario que todos subamos al Calvario, que seamos crucificados en la cruz que el Señor nos tenga preparada. Tendremos que pasar por la calle de la Amargura… y, ¿qué felices si en ella, nos encontramos con María!
  15. Vivamos con María, para llegar como Ella, a la posesión íntima de Jesús.
  16. La falta de mortificación, tiene el triste poder de hacernos caer en la vida de los sentidos, de debilitar nuestra voluntad, de inclinarnos a los goces de la comodidad, de la vida muelle; todo lo contrario a la exigencias del amor, que no rehúsa el sacrificio, ni la mortificación, para repartirse y servir a los hermanos.
  17. Cuidemos de que aún nuestras más triviales acciones, estén revestidas de buenas intenciones, para que no seamos rechazados en el Banquete Eterno.
  18. El Señor ayudará nuestros débiles esfuerzos, si somos generosos en hacer fructificar la monedita que El mismo nos dio; es decir, si por la vida de fe, sobrenaturalizamos todas las obras del día, dándoselos como fruto de nuestra incorporación a El.
  19. El demonio se vale de mil tramas para impedir las obras de celo y de caridad, suscitando intrigas y envidias. Debemos prepararnos para esta clase de pruebas, sin dejarnos intimidar por ellas, sino sufriéndolas con paciencia, magnanimidad y con mucha oración.
  20. Hagamos nuestra mortificación alegre… que nadie advierta nuestros sacrificios… que nadie advierta nuestro dolor…; como nadie se percibe del aceite que consume la lámpara del Sagrario.
  21. El seguimiento de Cristo exige un esfuerzo constante; es un caminar en silencio guardando en el corazón muchos dolores; es dar un paso… y otro…sin desfallecer, guiados por esa Única Estrella que encamina nuestro andar.
  22. Opongamos el egoísmo, que es el mayor enemigo que hoy tienen las familias y las naciones, la Caridad de Cristo.
  23. La virginidad de la pobreza, es el desasimiento de todo por amor; pero lleva al alma a la mayor riqueza: a la cumbre de la perfección y de la unión con Dios.
  24. María oculta en silencio, el misterio divino que se ha operado en su alma. Callemos también nosotras, cuando en mística manera, Jesús se encarna en nuestras almas por el dolor… cuando nos brinde cooperar a la Redención.
  25. La belleza física vale poco, pues es flor de un día; en cambio la belleza moral, dura siempre.
  26. Somos templos del Espíritu Santo, por eso debemos tener cierta dignidad, decoro y hasta elegancia, en todas nuestras acciones, palabras y actitudes.
  27. Ofrezcamos al Señor la integridad de nuestros dolores, la virginidad del alma, en la que, como en huerto cerrado, sólo entra El.
  28. Vivamos siempre en paz, esperando y confiando en el Señor, que nunca nos defraudará. Si no tenemos a quien volver los ojos en nuestras dificultades, mirémosle a El: Es mucho mejor confiar nuestra defensa al Buen Maestro, que confiarla a los hombres.
  29. Cuando Dios quiere que una Obra sea sólo para su Gloria, reduce todo a la impotencia y a la nada; después, El obra.
  30. Debemos practicar la virginidad del alma, conservando intacto el sello integral del padecer. Creo que una de las mayores glorias que podemos dar a Dios, es ser y mostrar que somos felices en su servicio.

 

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