Pensamientos de Nazaria para el mes de octubre

Nos habla la Madre

NOS HABLA LA MADRE…

Madre Nazaria Ignacia, acostumbraba todas las mañanas, como ella decía, a “regar mis plantitas”… Con esta frase, la Madre se refería a los ricos comentarios del Evangelio que, día a día, entregaba a sus hijas con sencillez y humildad. De sus escritos se han entresacado 365 pensamientos que, a modo de gotas de agua, tienen la pretensión de regar hoy las plantas de cada uno/a de nosotro/as, saciando nuestra sed de Dios, y disponiendo la tierra para que el Evangelio penetre y… Produzca fruto abundante.

OCTUBRE

REINO DE CRISTO – MISIÓN – APOSTOLADO

“Id por todo el mundo y proclamad la buena Nueva a toda la creación: el que crea y sea bautizado, se salvará. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos”  (Mc. 16, 15 y 20)

DÍA:

  1. Doce Apóstoles  convirtieron el mundo idólatra al cristianismo. ¿No habrá en el mundo  católico, hoy, doce corazones abrasados en amor a Cristo, que quieran  derretir el hielo que enfría las almas y las lleven al Redil? ¡Qué gran  regalo de Dios, si con fervor y generosidad nos ofreciéramos para la obra:  “Heme aquí, si me juzgas digno de trabajar y combatir por tan noble  causa”.
  2.  No hay  ocupación más noble y más grande en la tierra, que la de ayudar a la  salvación de las almas.
  3.  Almas apóstoles… no lloréis porque os quitan o porque os dan… llorad por las  almas…!
  4.  Procuremos con  nuestros buenos ejemplos, acercar a Jesús a cuantos nos rodean; seamos  afables, serviciales, abnegados; no nos disgustemos por esos roces y  mortificaciones de la jornada; sin cansarnos, sin impacientarnos, seamos  transmisores de  su Paz, reflejemos la alegría de su Presencia.
  5. Oíd la voz del  Maestro: “Bienaventurados los pobres… los mansos… los que lloran…  los que tienen sed de justicia…”. De estas bienaventuranzas gozan los  apóstoles que trabajan por extender el Reino de Cristo!
  6. La obligación del sembrador es preparar bien la tierra y arrojar la semilla, uniendo a  la acción, la oración para que Dios bendiga el fruto…
  7.  el Santo Rosario es modelo de oración. En él se reúnen la oración vocal y la mental, moviéndonos a la imitación de los Misterios de Cristo, en los que está concretado el Año Litúrgico.
  8.  El apóstol quisiera recorrer el mundo entero y arrastrar para Dios, cuantos corazones encuentre en el camino.
  9. Si los cristianos fuéramos “faro” indicador del puerto, en este mar donde tantos hombres navegan hacia la eternidad… ¡Cuántas almas se salvarían!
  10.  Si conformamos nuestras obras con lo que dicen nuestras palabras, llegaremos a convertir piedras… El oír impresiona: el ejemplo, subyuga.
  11.  Dichosos nosotros, apóstoles de Cristo, si a la oración podemos unir la acción, rompiendo todo nuestro ser, agotando toda nuestra vida; haciendo que todos  le amen a El…
  12.  Pidamos al Señor sed ardiente de santidad y ansias apostólicas de salvar almas; que este debe ser el anhelo del cristiano consciente de su bautismo.
  13.  A los pies de Jesús Crucificado, lloremos nuestras culpas y las de nuestros hermanos los hombres, pidiéndoles la gracia de morir por su amor y por la salvación de las almas.
  14.  Procuremos que nuestra oración sea humilde y llena de fe; nuestro ejemplo edificante, dulce y atractivo y nuestra palabra, ardiente, ilustrada, y sugestiva.
  15.  El apóstol debe llevar en sí: La oración de una Carmelita–El silencio de un Trapense–El apostolado de un Sacerdote–La pureza virginal de María–La caridad ardiente de Cristo
  16. Si tuviéramos ansias de santidad, cómo idearíamos medios para alcanzarla y así, conducir a otras almas a los pies del Señor!
  17. Señor, yo seré  la centellita de tu amor, que irá encendiendo las almas.
  18.  Nuestra misión en la tierra consiste en que Cristo reine… Que reine el Hijo de María la Virgen… el que nació en Belén… el que buscó a la Samaritana, dio vista a los ciegos y  resucitó a los muertos…; pero sobre todo, lavó las almas en las aguas del perdón y de la misericordia….
  19.  El Señor quiere que sepamos multiplicarnos, ser útiles, servir para todo, entregándonos como panecillos en las manos de Jesús, para que El pueda distribuirnos en servicio de amor…
  20.  Anímenos a trabajar en la Viña del Señor, hasta agotar nuestras fuerzas; que el trabajo es corto y la recompensa eterna…
  21.  Seamos esforzados en trabajar sin descanso, por quitar el egoísmo de nuestro corazón; que podamos ser el “grano que muere destrozado” para dar vida a otras espigas.
  22.  Como Pedro, echemos la red… volvamos incansables al mar… luchemos contra las olas… Llevemos a Jesús en la frente, en los labios y en el corazón.
  23.  Dejemos que nuestros corazones se llenen de las influencias celestiales, que transformaron a los Pescadores de Tiberiades, en Apóstoles de Jesucristo.
  24.  Que el celo de la Gloria de Dios y la salvación de las almas, dirijan todas nuestras acciones y oraciones.
  25.  El Reinado Social de Cristo tiene que extenderse; pero sólo a fuerza de sangre del alma, vertida hilo a hilo, se irá abriendo camino para su conquista espiritual.
  26.  Deseemos recorrer todo el mundo y conquistar todos los corazones que encontremos, para embarcarlos en la Barquilla del Pescador: La Iglesia Santa
  27.  El Señor nos da una gran “misión”: La de establecer su Reinado de Amor y Caridad.
  28.  “El que tenga sed, que venga a Mi…”. Nuestro corazón de apóstol debe estremecerse de alegría ante esta promesa del Señor, pues tan necesario nos es, beber esas vivificantes aguas, para repartirlas en tantas almas sedientas de Dios.
  29.  Que Cristo reine y reine pronto sobre la tierra; en esta tierra que El marcó con sus plantas divinas. Reconquistemos todas las almas, hasta de los más lejanos rincones, para ponerlas bajo su cetro, pues El ha dicho que sus delicias son estar con los hijos de los hombres.
  30.  Cristo, ya desde su Pasión, empezó a gobernar el mundo con un cetro de “caña” y hasta hoy, lo mueve con él, pues siempre toma lo que menos sirve para sus mayores Obras.
  31.  El apóstol, no  debe encontrar obstáculos ni en el cansancio… ni en la fatiga… ni en el dolor… Debe ver en ellos, aliados para la gran Obra que ha emprendido por Cristo… la Iglesia… y las almas…
  32. Doce Apóstoles  convirtieron el mundo idólatra al cristianismo. ¿No habrá en el mundo católico, hoy, doce corazones abrasados en amor a Cristo, que quieran derretir el hielo que enfría las almas y las lleven al Redil? ¡Qué gran regalo de Dios, si con fervor y generosidad nos ofreciéramos para la obra: “Heme aquí, si me juzgas digno de trabajar y combatir por tan noble causa

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