Pensamientos de santa Nazaria para el mes de julio

Santa Nazaria Ignacia, acostumbraba todas las mañanas, como ella decía, a “regar mis plantitas”… Con esta frase, la Madre se refería a los ricos comentarios del Evangelio que, día a día, entregaba a sus hijas con sencillez y humildad. De sus escritos se han entresacado 365 pensamientos que, a modo de gotas de agua, tienen la pretensión de regar hoy las plantas de cada uno/a de nosotros/as, saciando nuestra sed de Dios, y disponiendo la tierra para que el Evangelio penetre y… Produzca fruto abundante.

 JULIO

IDENTIFICACIÓN CON CRISTO – SEGUIMIENTO

“Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos echando la red en el mar,        pues eran pescadores, y les dice: ‘Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres’             y  al instante, dejando las redes, le siguieron”. (Mt. 4, 18-20)

DÍAS:

  1. Hemos de imitar y reproducir a Jesús en cada una de nuestras acciones, ya que en el Cielo no se reconocerá nada que no lleve el sello y los rasgos de Jesús.
  2. Dios Hijo, se hizo hombre para injertar a todos los hombres en El y formar un solo Cuerpo; EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO.
  3. La unión con Dios se verifica por esas miradas y acercamientos que le permiten continuar místicamente, la vida de Cristo en ella.
  4. Hay que pasar de la muerte mística, para llegar a la vida de identificación con Cristo.
  5. El vicio siempre va en contra de la virtud. Cuidemos mucho que en nuestra alma no crezcan los malos sentimientos, para que no se levanten contra ella queriendo matar los santos deseos de encontrar a Cristo, que le animan.
  6. Cuanto más encumbrada está la vida espiritual en un alma, más silencio hay en ella.
  7. Si aspiramos a la identificación con Cristo, huyamos de toda imperfección.
  8. Aprovechemos todo lo que tenemos para ser santos, ya que el Señor nos ha rodeado de todo lo que necesitamos para alcanzarlo.
  9. Jesús se mantiene y vive en las almas, por medio del sacrificio.
  10. Prestemos gran atención a la “Gracia” que nos empuja a vivir en Dios, de la manera más pura que puede ser en la tierra.
  11. Deseemos con gran intensidad darnos al Señor, aunque nos pida grandes sacrificios; sea todo por su amor… por su gloria… por la Iglesia… por las almas…
  12. Dar pan y recibir bofetadas, es cosa triste, pero muy humana. Cuando sufráis el bofetón espiritual , guardadlo como una joya: no os quejéis nunca de las injurias personales que recibáis… ¡guardad silencio!
  13. Al pie del Sagrario, veamos seriamente si nuestra vida responde al plan de Dios sobre nosotros. Pidámosle la gracia de resucitar de una manera espiritual, verdadera, visible, utilizando las cosas de la tierra, en tanto, cuanto nos lleven a Dios.
  14. Obremos de tal modo en la vida, que comiencen ya los gozos de la gloria eterna. No permitamos que el egoísmo tome parte en nuestras obras, para que no disminuya la felicidad que esperamos alcanzar en el Cielo.
  15. Por nuestra vocación cristiana, estamos obligados a dar a Dios la gloria debida, en todos los instantes de nuestra vida.
  16. Dejemos en las manos de Dios, cooperando a sus designios con el abandono heroico y la fe de María, aunque esto, a veces, contraríe lo que a nosotros nos parece que Dios nos exige.
  17. Renunciemos a todo lo natural, obrando sólo por El con gran humildad, para que el Padre Celestial pueda decir a los cielos y a la tierra: “Este es mi hijo amado en quien me complazco”.
  18. Hay que meter en el arado muy hondo para que la tierra sea fecunda; es preciso que la mortificación penetre muy adentro en nuestra vida para realizar la vocación del apóstol…: Seguir a Cristo lo más cerca posible…
  19. Para llegar a ser todo lo que encierra el nombre de “cristiano”, es preciso una gran fuerza de voluntad que nada ni nadie la doblegue, y una unión profunda de todo nuestro ser con Dios.
  20. Al encontrar nuestra alma enredada en cosas de la tierra, no debemos azotarla sin piedad, ni llenarla de recriminaciones; sino tomarla en brazos y conducirla. Sin violencia, al redil de Cristo.
  21. Debemos valernos de pensamientos que conforten y animen el espíritu, para hacer suave a nuestra alma, el yugo del Señor.
  22. Animémonos a darnos a Dios del todo, que El no mira las miserias humanas; sino que son como el punto de apoyo de su grandeza y de su bondad, para con las criaturas que Le reconocen.
  23. La piedad es necesaria para mantenernos fuertes en las duras pruebas de cada día. Pero debe estar basada en el don de Ciencia y en el esfuerzo constante de cada uno por tender a la santidad;  único bien que debemos perseguir.
  24. La mayor gloria de Dios y celo por las almas, exige no perder ni un instante en que Dios pueda ser glorificado; aunque para esto, nuestra pobre naturaleza tenga que deshacerse en un gemido de dolor.
  25. ¿Queréis dar a Jesús vuestra vida entera?: Ocultad vuestros sacrificios bajo sonrisas y alegrías… sed espléndidos en vuestra entrega… ¡todo por Jesús!; no con sentimentalismos, sino con el realismo necesario, con la firmeza de vuestra voluntad.
  26. Nuestros grandes objetivos: la Gloria de Dios y la salvación de las almas. Para conseguirlos debemos empeñarnos en nuestra propia santificación, pues en vano querremos dar a conocer a Cristo, si no le amamos y servimos: nada conquista tanto, como lo que entra por los ojos.
  27. La Gloria de Dios, es el gran ideal de Jesucristo; ideal que debemos hacer nuestro, si de verdad, queremos seguirle. Sacrificándonos por su amor, nos haremos instrumento hábil para glorificarle.
  28. Dios nos creó con cuerpo y alma, para que le conociéramos, sirviéramos y amáramos; en una palabra: para su Gloria. El Señor será glorificado cuando mi amor lo cristalice en obras, en actos de servicio pleno y responsable a mis hermanos; cuando la paz con Dios y con los hombres sea un hecho.
  29. Hagamos todo el bien que podamos, sin ostentación, sin ruido; de un modo tan sencillo en lo externo, como sublime y extraordinario en nuestro interior.
  30. Examinemos muy seriamente nuestra conducta y tal vez encontraremos que, después de la Comunión de cada día, traicionamos al Maestro, vendiendo por nada su presencia.
  31. ¡La mayor gloria de Dios…; conquistar el mundo para Cristo…!. Es una fuerza irresistible que desnuda de todo interés personal, de todo egoísmo…  Hemos de despojarnos de todo pecado y de toda imperfección, si la Gloria de Dios nos urge en las entrañas.

 

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